De ficciones verdes y costumbres opacas: cómo encontrar belleza en lo mundano
Según alguien que se la ha pasado persiguiéndola.
Alguna vez escuché que el pasto es siempre más verde en otra parte, o del otro lado de la cerca. Que veremos más color en lo que no podemos alcanzar o en lo que es ajeno y ya hemos idealizado. Le vemos más color a aquello que ha vivido enteramente en nuestra imaginación. ¿Es la idealización la que colorea nuestros recuerdos, ficciones y anhelos? ¿O la costumbre opaca nuestros alrededores?
Me la paso gran parte de mi vida buscando belleza. Arte, colores hermosos que decoren mis paredes y textiles que adornen el envase de mi alma. Busco, busco incansable, una nueva belleza que no haya encontrado nunca, que me haga sentir viva de nuevo porque todo lo que veía a mi alrededor ya se había vuelto de tonos grises. El problema es que todo, eventualmente, se opaca con el tiempo. Supongo que es un polvo que no le puedo quitar de encima. El polvo de la costumbre.
He tomado la maleta y me fui del otro lado del mundo, buscando dichos pastos, aquel verdor que no encontraba en ninguna parte. He visto su verdor en mi imaginación, en las fotos que he guardado para no perderme nada, qué tonos más hermosos me esperan en cualquier otra parte. Me voy para alejarme de la costumbre, para que no me de alergia ese polvo tan vil que nubla mis ojos y no me permiten ver su belleza.
Llegué para rodearme de los verdores de los que estaba enamorada y me he encontrado con nuevos verdores que iluminan mis días. ¿Te puedes enamorar de una ilusión? Creo que sí, porque lo he hecho miles de veces, y no sólo me he enamorado de los colores, de mis inventos y de los cuentos que he formulado en mi cabeza que sólo los verdores me pueden dar, sino también de personas, de relatos y de alejarme de la costumbre. Me he enamorado de no sentirme atascada en una sola parte.
Creo que siempre estamos en busca de qué enamorarnos. Avanzamos sin pausa y olvidamos la belleza que dejamos atrás pues nos ha nublado la costumbre. Pero cuando solo ves grises, hace falta un cambio de aire.
Me pregunto si es una cuestión de observación. La costumbre no solo nubla sino también apresura. ¿Qué tan rápido puedo pasar por los grises que me atormentan? La velocidad dispersa los colores y algunos incluso se pierden en el camino. Entre la nube gris pude haber encontrado un color nuevo, si tan solo hubiera dejado pasar el polvo, la neblina, sentarme un segundo con lo que no me gusta y con lo que me arruina mis días en vez de alejarme de todo por miedo a no encontrar belleza de nuevo. Ver lo que percibo como fealdad un momento para encontrar lo que tanto anhelo un tanto después.
Pero mi búsqueda de belleza está tan hambrienta que consume todo, que lo consume sin saborearlo, que no ve los colores uno por uno, sino de golpe. De pronto se cansa y busca más. La vista y el deseo van de la mano. El deseo inventa para llenar nuestros ojos de belleza, pues la perseguimos como si nos alimentara. Es que tal vez sí, nos alimenta, nos nutre y nos llena el corazón de palpitaciones. Seguimos inventando para poder colorear a nuestro antojo. Esos amarillos y rosas no los había visto jamás.
Los cielos son más azules, ¿acaso esas son nuevas nubes? Las aves tienen otras plumas, como las mías que se colorean ahora que he volado lejos de casa. Mira las flores, mira las calles, llenas de gente que busca tanta belleza como yo.
Ocurre algo extraño después de un tiempo. Anhelo los tonos que he dejado atrás. Los colores que se habían empañado ahora pintan mis recuerdos. La costumbre ahora reina sobre los pastos tan verdes que anhelaba, se han alejado de mis ficciones para convertirse en mis realidades.
No es que hayan dejado de ser bellos, solo que ahora no los veo con una ilusión infantil. No es que me decepcione, solo que ahora lo veo de una manera distinta, más vívida. El polvo de la costumbre se acerca, yo le huyo, pero no hay nada que lo detenga. La nostalgia pinta ahora mis recuerdos de lo que dejé atrás.
Pero no puedo andar así por la vida. Extrañando belleza a cada paso que doy. Entonces saboreo la belleza a cucharadas, le veo cada color, cada instante, lo arrullo en mis brazos como si fuera lo más precioso en el mundo, y lo dejo ir. Desempolvo de costumbre lo que he dejado y vuelvo, para amarlo con más claridad. Mi hambre no dicta mis pasos, sino mis instantes. No he dejado de buscar belleza, solo que ya no se amarga cuando ha pasado el tiempo.
Me quedo tranquila sabiendo que, detrás de la costumbre, siempre hay belleza nueva por descubrir.
Fotografía: @em_mafernanda en Instagram.
Gracias enormes a nuestra modelo de improviso que nos encontramos en el parque.
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